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April 2014 Archives

Bed

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Estoy boca arriba en la cama. Mi nueva cama. Es, al final, una cama de adulto. Ancha, con espacio, sábanas suaves y adaptada a mi delicada espalda.

Yo siempre lo he dicho, llegamos a la madurez cuando ya no queremos una cama lo más larga posible porque queremos crecer y ser altos, sino cuando queremos una cama lo más ancha posible para poder tener compañía y estar a gusto.

Se escucha el mar ligeramente a través de la ventana abierta. Estamos a 600 metros de la playa pero si hay suerte, en noches como esta, se oye.

Estás a mi lado, mirándome. Tu brazo está en mi barriga. La que dices adorar pese a que yo la deteste. Cuando te miro yo, sonríes. Te pregunto por qué; me contestas que porque ves mis ojos. Sonrío sin decir nada y voy al balcón. Se ve al horizonte una mancha negra.

Se adivina que es el mar que tan bonito se ve de día y que tan bien suena de noche. Se adivina el tocar la arena, pasear a la luz de la luna a la orilla, mojándose los pies ligeramente. Todo contigo a mi lado.

Tus brazos me rodean. Posas tu mentón sobre mi hombro. Me susurras: ven a la cama, quiero que hagamos el amor oyendo al mar.

Me coges la mano y me tiras lentamente hacia la cama y yo me dejo.


Tragedy

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Lees mis relatos con gran interés. Estamos en la cama, acabamos de hacer el amor. Me dijiste que querías leerme mientras yo escuchaba uno de tus temas. Me tumbo mirando hacia ti y antes de dejarme llevar por tu música te miro fijamente a los ojos. 

Veo la pantalla blanca del ordenador reflejada. Tus deliciosos ojos se mueven de izquierda a derecha tan rápido que me pregunto si te da tiempo a leerlo todo. Lo que escribo no es John Milton, seguro que te estás enterando de las vidas de mis personajes.

Terminas de leer y suspiras. Te miro preocupada: ¿no te ha gustado?
- Sí, sí. Claro. Es que... ha terminado.
- Bueno, en algún momento se tienen que acabar.
- Pero, ¿por qué la mata? - me preguntas, realmente espantado.
- Porque es una tragedia.
- Tú en la vida real no eres tan pesimista, ¿no?
- Tranquilo. Me considero optimista, incluso.

Me besas en aprobación de mi respuesta. Me gustan tus besos, están llenos de contrastes.

Quieres leer otro. Te pongo otro. Menos mal que son cortos, sino no íbamos a dormir. Apoyo la cabeza en mi portátil. Al minuto quieres bajar la página pero estoy en medio así que le doy a la flecha con mi nariz. Te ríes y sigues leyendo. Cuando toca bajar la página dices ¡nariz! y yo procedo a facilitarte la tarea.

Recuerdo ese momento con gran ternura. Siempre con una sonrisa en los labios. Tres años más tarde, aquí estás, no sueltas mi mano y no vas a nuestra casa para dormir. Fue sólo un mes y medio después de ese momento nasal que cayó el diagnóstico: cáncer de mama. Incurable. Demasiado avanzado.

¡Si sólo hubiera buscado bultos a menudo! Podría seguir disfrutando de tus besos durante más años. Podríamos dormir en nuestra cama.

Esta es la última vez que me hospitalizan, sospecho. No creo que salga esta vez. Y no te has separado de mí ni un sólo instante. Excepto cuando los de seguridad te escoltaron fuera por no respetar las horas de visita.
Volviste a entrar a los veinte minutos. Por la ventana. A la mañana siguiente, cuando te vieron las enfermeras gritaron del susto. Cada vez que te echaban, volvías. Hasta que dejaron de echarte.

- ¿Por qué se tienen que morir tus personajes?
- La vida es una tragedia. Pero mi vida no lo ha sido contigo. El haberte conocido cambió eso, mi amor.

Nakedness

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Acabo de salir de la ducha, estoy secándome con la toalla y tú me miras tumbado en la cama.

Sonríes y te pregunto qué pasa. Nada, contestas sin dejar de sonreír. Sólo estaba pensado en que creo que me gustas mucho. Tanto, de hecho, que me he enamorado de tu naturalidad, de tu pasión por la vida, de cómo te sonrojas cuando te digo cosas bonitas pese a que llevo meses haciéndolo. Me he enamorado de tus ojos, de tus caderas, de tu cerebro. Creo, Margot, que me he enamorado de ti.

Wild

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Te espero leyendo. Es nuestra segunda cita y hemos decidido quedar a desayunar; para empezar bien el día.

Estoy de espaldas a la puerta, el local está lleno, se oye de fondo Hit the Road Jack; detrás de las voces que se expresan en varios idiomas.

Me encuentro leyendo The Call of the Wild. Es uno de mis libros preferidos, lo he leído una docena de veces. La primera edición que pasó por mis manos está tan desgastada que compré otra que contenía White Fang junto con éste.

En el momento que tus suaves manos rozan mi cuello Buck se está peleando con Spitzer. Me besas en la mejilla y te sientas frente a mí. Termino el párrafo y levanto los ojos. Me esperas con una sonrisa.

- ¿Qué tal dormiste?
- Tuve una pesadilla horrible. Perdía mi tren y mi maleta. Algo muy estresante. Luego aparecían arañas. En fin, que he descansado poco.
- Aquí tienes un zumo de naranja, los californianos creen firmemente que quita las preocupaciones.
- A ver si me quita las arañas de la cabeza. Bebo un sorbo. Viva California.

Te ríes. Te rozo la mano para agradecerte el detalle. Sólo nos hemos visto una vez pero tienes la capacidad de hacerme sentir en total confianza. Sé que estoy a salvo contigo. Y eso es raro. ¿Quién tiene este super poder? ¿Está expandido? Espero que no.

La combinación de tu sonrisa y el zumo de naranja hace que empiece el día estupendamente. ¿Y eso a quién no le hace olvidar noches malas?

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